lunes, 19 de julio de 2010

REFLEXIÓN DÍA DE LA FAMILIA....la comunicación, obra del Espíritu Santo











LA COMUNICACIÓN: OBRA DEL ESPÍRITU SANTO.
Reflexión compartida el 18 de julio de 2010
en la salida de integración de la familia calvinista
Paseo de la familia.
Cuando hablamos de familia se nos vienen muchas definiciones a la mente, una de ellas es la que reza que la familia es la base de la sociedad. Y es cierto. En la biblia, la familia juega un papel fundante, no sólo es la base de la sociedad, sino que es el fundamento sobre el cual se sostiene la iglesia; la familia es el centro de las relaciones. Podemos hablar de una especie de reino de Dios pequeño. Aunque éste no es el caso para hablar del reino de Dios, si lo es para mencionar que la familia es la escuela donde desarrollamos nuestras relaciones, que en últimas, son las que definen nuestros pensamientos, visiones y actitudes frente a lo que nos rodea (cultura, política, fe, etc.…), afectando también nuestros pequeños grupos de relacionamiento (escuela, colegio, universidad, grupos sociales, movimientos políticos, parches de barrio, iglesia, etc.…).
Algunos pueden argumentar que esto no es así. Sin embargo, la importancia de la familia no se ve diezmada por tal o cual visión, sino por la influencia que ésta tiene en la gran masa que llamamos sociedad. Por tal razón, hoy miraremos un aporte del texto bíblico a la vida y correcto funcionamiento del núcleo de la sociedad: la familia.

En hechos capitulo 2:1-13 encontramos uno de los textos más significativos del Nuevo Testamento por la influencia que tiene en el entendimiento de la obra del Espíritu Santo y de la Iglesia. Leamos:

1Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar. 2De repente, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde ellos estaban. 3Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron, y sobre cada uno de ellos se asentó una. 4Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran.
5Vivían en Jerusalén judíos cumplidores de sus deberes religiosos, que habían venido de todas partes del mundo. 6La gente se reunió al oír aquel ruido, y no sabía qué pensar, porque cada uno oía a los creyentes hablar en su propia lengua. 7Eran tales su sorpresa y su asombro, que decían: — ¿Acaso no son galileos todos estos que están hablando? 8¿Cómo es que los oímos hablar en nuestras propias lenguas? 9Aquí hay gente de Partia, de Media, de Elam, de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto y de la provincia de Asia, 10de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene. Hay también gente de Roma que vive aquí; 11unos son judíos de nacimiento y otros se han convertido al judaísmo. También los hay venidos de Creta y de Arabia. ¡Y los oímos hablar en nuestras propias lenguas de las maravillas de Dios! 12 Todos estaban asombrados y sin saber qué pensar; y se preguntaban: --¿Qué significa todo esto? 13 Pero algunos, burlándose, decían: --¡Es que están borrachos!

Vamos a centrarnos en los versículos 7-11. Luego del derramamiento del espíritu sobre aquellas personas, surge una imagen que casi siempre pasa desapercibida por las lecturas fantásticas que hemos hecho del texto, centrándose sólo en el acontecimiento de la “glosolalia” o el hablar en lenguas. Pero el texto volcó toda su atención en lo sucedido luego de ese derramamiento. No se queda en la manifestación del Espíritu, sino en sus frutos. Y en palabras sencillas: el Fruto del Espíritu Santo en este texto es el milagro de la comunicación.
La escena presenta a gentes de todas las nacionalidades conocidas en el primer siglo, o sea, para sus primeros lectores ese era todo el mundo, todas las razas y pueblos. Que hermosa imagen. Piense por un momento en eso… sabemos que estas gentes tenían idiomas distintos (formas de comunicarse distintas). Sería como juntar a chinos, japoneses, alemanes, españoles, canadienses, polacos y portugueses en un mismo lugar y que por la obra del espíritu santo un grupo de colombianos que la única forma de comunicación que conocemos es el “chibchombiano” terminemos dando a conocer las maravillas de Dios a todos estos extranjeros en su idioma ¡fantástico no! El maravilloso pero sencillo milagro de la comunicación.

Para nadie es desconocido que en la familia base; es decir: padres e hijos, uno de los elementos esenciales es la COMUNICACIÓN, y por lo tanto uno de los más atacados y de mayor cuidado. Hoy día parece que no nos sabemos comunicar. Peor aun, es como si hablásemos un idioma distinto. Nuestros hijos no entienden para nada lo que les queremos transmitir. “Mi esposa no entiende lo que quiero decirle”, “mi esposo siempre entiende las cosas al revés de cómo se las quiero transmitir”…. Estas son solo algunas de las quejas que escuchamos en cuanto a la comunicación en la familia, pero ¿este panorama tendrá solución? Si no existe comunicación ¿Cómo puede haber relación, y por lo tanto armonía y comunión? ¿Cómo puede haber pues, sociedades sanas si no hay familias sanas?
Aunque los problemas de las sociedades no se los podemos achacar sólo a la falta de buena comunicación en las familias,-y eso lo tenemos claro-, Podríamos preguntar: ¿De qué servirá una sociedad sin problemas de índole social, económico, y político con familias desintegradas? ¿Se puede imaginar siquiera la imagen? No es cuestión de evadir los problemas sociales, económicos y demás que afectan la familia, sino de fomentar familias que sean capaces de afrontar y transformar dichos problemas sin desintegraren aun más. Ello sin duda puede lograse con una buena comunicación y la ayuda del espíritu santo, que como nos muestra el texto, no es ajeno a esto.

Veamos pues que en una buena comunicación encontramos dos factores. El primero es el transmitir bien, y el segundo el escuchar bien.
Es precisamente en estos dos factores donde la comunicación falla. La manera en que decimos las cosas influye en el resultado que estamos esperando. De igual forma, la atención que prestamos a lo que nos comunican, es determinante en lo que entendemos.
Cuando el espíritu santo hizo la obra en el pentecostés, un grupo de los que estaban allí, prestaron atención a lo que estaba pasando, y entendieron lo que esos galileos estaban hablando y se maravillaron (Vr. 7-8) mientras que otro grupo no se inquietó en lo mas mínimo, y en ves de recibir el mensaje, criticaron a los portadores de el, y se perdieron de las maravillas de Dios; es más juzgaron mal, al decir que estaban borrachos (Vr. 13). Cualquier parecido con lo que sucede en nuestras familias es pura coincidencia, ¿no es así?

Sin embargo todo esto, el accionar del espíritu santo en el pentecostés nos debe recordar hoy más que nunca, la necesidad de romper todas las barreras de comunicación que nos están separando y quebrantando las relaciones en nuestras familias. Mas allá de las magnificas acciones que le estamos otorgando, pidámosle al Señor de la vida que con su bendito espíritu, haga ese pequeño milagro en nuestras familias: el de quebrar toda barrera de comunicación, para que podamos entender las maravillas de Dios.
Dejemos pues que se mueva libre y liberador en medio nuestro…

C.S.M CRISTHIAN GÓMEZ

No hay comentarios:

Publicar un comentario